La suprema excelencia del amor cristiano
“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”
En este pasaje icónico, el apóstol Pablo concluye su discurso sobre los dones espirituales, elevando el amor por encima de cualquier habilidad o conocimiento humano. Mientras los dones y profecías tienen un tiempo determinado, la fe, la esperanza y el amor son las virtudes eternas que sustentan la vida cristiana.
El amor es presentado como el mayor de todos porque es la esencia misma del carácter de Dios. La fe nos conecta con lo invisible y la esperanza nos mantiene firmes en el futuro prometido, pero el amor es lo que da sentido a ambas y lo que permanecerá incluso cuando estemos en presencia del Padre.
En la práctica, este versículo nos invita a priorizar las relaciones y la caridad en todo lo que hacemos. No sirve de nada tener grandes talentos si no hay amor; por eso, debemos buscar que cada acción refleje este sentimiento que es paciente, bondadoso y eterno.

