La fidelidad de las promesas divinas
“Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.”
Este versículo de Pablo a los corintios es una poderosa afirmación sobre la centralidad de Cristo en el plan redentor de Dios. Nos asegura que Dios no se retracta de Su palabra. Todas las promesas hechas en el Antiguo Testamento y las esperanzas del corazón humano encuentran su confirmación y cumplimiento definitivo en la persona y obra de Jesús.
En la práctica, esto significa que no necesitamos vivir con dudas sobre las intenciones de Dios para con nosotros. Cuando oramos y decimos Amén, estamos aceptando la fidelidad de Dios que ya fue demostrada en la cruz y en la resurrección. Jesús es la prueba viva de que Dios cumple lo que dice.
Para nuestro día a día, esta verdad trae seguridad y estabilidad emocional. Incluso cuando las circunstancias parecen inciertas, podemos descansar en la certeza de que la palabra final sobre nuestras vidas es el "sí" de Dios en Cristo, motivándonos a vivir para Su gloria.

