El Poder para Testificar
“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.”
Este versículo registra una de las últimas promesas de Jesús antes de Su ascensión. Él asegura que Sus seguidores no estarían solos ni dependerían de sus propias fuerzas para cumplir la misión. El 'poder' mencionado aquí proviene directamente del Espíritu Santo, capacitando al cristiano para vivir y hablar del amor de Dios de forma impactante.
La promesa de Jesús establece una expansión gradual del Evangelio, comenzando donde estamos (Jerusalén) y alcanzando lugares distantes. Ser un testigo no se resume a predicar, sino a reflejar el carácter de Cristo en todas las esferas de la vida, desde el ambiente familiar hasta el profesional.
En la práctica, Hechos 1:8 nos invita a confiar en la capacitación divina para superar miedos y limitaciones. Cuando nos rendimos al Espíritu Santo, nuestra vida se convierte en un canal de esperanza para el mundo, esparciendo el mensaje de salvación de forma auténtica y valiente.

