La virtud cristiana de la compasión
“Dichosos los compasivos, porque se les mostrará compasión.”
En este pasaje del Sermón del Monte, Jesús presenta una ley espiritual profunda: la reciprocidad de la gracia. La misericordia no es solo un sentimiento de lástima, sino una actitud práctica de perdón y ayuda hacia quien no lo merece o no puede corresponder.
Ser misericordioso significa mirar al prójimo a través del amor de Dios, reconociendo que todos necesitamos redención. Cuando elegimos no juzgar y extendemos la mano, reflejamos el carácter de Cristo en el mundo.
En la práctica, ejercemos este principio al perdonar ofensas, ayudar a los necesitados y ofrecer consuelo. Al actuar así, abrimos nuestro propio corazón para recibir la abundancia de la compasión divina en nuestras vidas.

